En el
convencimiento de que un ambiente de trabajo seguro y un clima laboral adecuado
protege el estado de salud mental y físico de los trabajadores, los sistemas de
prevención vienen prestando cada vez más atención a los llamados “riesgos
emergentes” que incluyen los riesgos psicosociales y la violencia en el lugar de
trabajo.
En esta misma línea
la Comisión Europea incide en la necesidad de diseñar una nueva estrategia
comunitaria de salud y seguridad y hace hincapié en “promover un verdadero
bienestar en el trabajo -físico, moral y social- que no se mida únicamente por
la ausencia de accidentes o enfermedades profesionales”. La Comisión
habla incluso de adoptar el actual marco normativo para la integración en el
mismo de algunos factores de riesgo psicosocial como la violencia en el trabajo,
entre otros.
Esta ultima
recomendación queda fuera de las competencias de los servicios de prevención
pero sí lo son velar por el máximo bienestar físico, mental y social de los
trabajadores y mejorar los factores sociales inherentes a sus tareas.
Desde este punto de
vista se hace necesario acometer de forma integral el problema de la violencia
en el puesto de trabajo e integrarlo en el marco de la prevención.
Según los datos aportados por la
Encuesta sobre las condiciones de trabajo en la Unión Europea, la violencia
física ha afectado al 3,16% de los trabajadores en los 12 meses inmediatamente
anteriores a la realización de la misma. En España ese porcentaje es algo menor,
afectando a un 2,48%, si bien hay sectores con una mayor incidencia como es el
caso de los docentes, entre los que un 5% declararon haber sido sujetos de algún
acto violento en el período comprendido.
UN RIESGO MÁS A TENER EN CUENTA
La OIT
define la violencia en el lugar de trabajo como “cualquier acción, todo
incidente o comportamiento que no puede considerarse una actitud razonable y con
el cual se ataca, perjudica, degrada o hiere a una persona dentro del marco de
su trabajo o debido directamente al mismo”.
Estamos aquí
ante una concepción inclusiva del concepto que va más allá de las meras
agresiones físicas (que pueden ir desde un empujón hasta la muerte del
trabajador) y espaciales, pues incluiría los sucesos acontecidos fuera del lugar
de trabajo siempre y cuando estuvieran relacionados con este, como podría ser la
muerte de un trabajador en el transcurso de una huelga. También tendría la
consideración de violencia todas las conductas susceptibles de intimidar y
violentar al que las sufre (insultos, amenazas, gritos, burlas etc.…)
Otro aspecto
a estudiar es la clase de la violencia. A este respecto la OSHA (Occupational
Health and Safety ha clasificado los hechos violentos en base a dos factores:
las personas implicadas y la relación existente entre ellas. Tendríamos así la
siguiente tipología:
Violencia
tipo I: La personas que llevan a cabo los hechos violentos no tienen ninguna
relación legítima de trato con la víctima. Se incluyen aquí sucesos como los
robos a joyerías o bancos, atracos a taxistas etc.…
Violencia
Tipo II: en la que existe algún tipo de relación profesional entre el agresor y
la víctima. Es la más extendida y abarca los hechos violentos que se producen
mientras se ofrece un servicio, su incidencia es mayor en sectores como la
hostelería, sanidad, docentes y trabajadores de empresas públicas y privadas que
ofrecen servicios profesionales.
Violencia
Tipo III: en este supuesto el causante de la misma tiene algún tipo de
implicación laboral con el lugar afectado o con algún o algunos de los
trabajadores del mismo. Estos accidentes son relativamente poco frecuentes
aunque presentan un tremendo dramatismo pues ponen de manifiesto el fracaso
total de la convivencia y de los valores del mundo laboral. Se suelen ser
consecuencia de una tremenda frustración por parte del agresor y se concretan
en destrozos al material o locales de la empresa, insultos a jefes, compañeros o
subordinados y en las situaciones más extremas en atentados contra la vida de
otro trabajador.
La violencia
de tipo II representa un riesgo constante para muchos trabajadores y a la que
hace referencia de manera prioritaria este artículo.
EL ENFOQUE
PREVENTIVO
La violencia
en los lugares de trabajo es una escalada que comienza casi siempre con un
fracaso de la comunicación. A la violencia verbal sigue la física, por eso es
importante analizar las causas desde el origen. Son varios los factores
implicados en las causas que desencadenan la violencia, entre los que podemos
distinguir:
.- los
individuales, que hacen referencia a las características del sujeto que perpetra
el acto violento y a sus motivaciones (frustración, estrés, insatisfacción con
el producto o servicio, inestabilidad psicológica, largas esperas, percepción de
promesas incumplidas etc.)
.- los
sociales, pertenecientes al entorno (zonas deprimidas, zonas con alto índice de
criminalidad, situaciones de crisis económicas etc.…)
.- los
organizacionales, que se sitúan en el ámbito del trabajo propiamente dicho
(estilos de gestión, plantillas inadecuadas, trabajo con clientes, pacientes y
público en general, trabajos nocturnos o de especial peligrosidad…)
Sería un
error por lo tanto atribuir la responsabilidad de la violencia en el lugar de
trabajo únicamente al individuo que la protagoniza, ya que ésta deviene de una
combinación de causas y situaciones que comprenden el comportamiento
individual, el entorno, las relaciones entre compañeros de trabajo, entre jefes
y subordinados y el marco social en el que se desarrolla la tarea. En este
sentido es fácil llegar a la convicción de que una prevención eficaz de la
violencia se basa en el compromiso de todos los actores implicados, incluidos
los usuarios y clientes.
Para llevar a
cabo un análisis adecuado de los problemas se hace necesaria la consulta a los
trabajadores, pues son ellos con su conocimiento y experiencia los que pueden
identificar los riesgos existentes y potenciales. El Instituto Nacional de
seguridad e Higiene en trabajo en la Nota Técnica Preventiva 489, apunta la
conveniencia de utilizar diferentes métodos de recogida de información, tales
como las discusiones en grupo, entrevistas individuales, cuestionarios diseñados
al tal efecto y cualquier otro sistema de registro, parte de incidentes o
denuncias que ya existan.
Este mismo
documento señala la utilidad de establecer un registro de cualquier incidente en
los que aunque no ocurriera nada, el riesgo estuviera presente, y por supuesto,
cualquier otro tipo de incidente: desde el simple abuso verbal, amenaza o
insulto, hasta los daños físicos, si llegaran a producirse. No hay que ignorar
ningún episodio de violencia por nimio que nos pueda parecer, pues el registro
de todos ellos permitirá establecer el verdadero nivel del problema.,
haciendo posible dibujar el mapa de la violencia en la empresa y los puntos
críticos: áreas , servicios y departamentos más afectados, momentos del día más
difíciles, situaciones concretas en las que aumentan los riesgos, temporalidad
de los brotes etc.…Una vez realizado este trabajo, será posible diseñar con
mayor efectividad el plan de información y formación a los trabajadores ,
usuarios y clientes, el asesoramiento a las víctimas de la violencia y el diseño
de medidas disuasorias adecuados, distribuyendo los recursos con mayor eficacia.
José Luís
González Meseguer, en su ponencia titulada “La violencia en el trabajo” (1)
diseña un planteamiento de la prevención desde el punto de vista colectivo que
incluiría las siguientes medidas.
“…que
exista un compromiso de la dirección y responsables jerárquicos contra la
violencia en el lugar de trabajo. Pero debe tener una serie de condiciones:
- que sea
elaborado por representantes de la dirección y de los/as trabajadores/as;
- que se
aplique a la dirección, trabajadores/as, contratistas,…a cualquiera que tenga
relación con la empresa;
- que se
defina con lenguaje preciso y concreto qué se entiende por violencia en el
centro de trabajo;
- que
defina con claridad la actitud de la empresa hacia la violencia relacionada con
el trabajo y el compromiso de la dirección para prevenirla;
-
concretar las consecuencias para quién amenace o cometa actos violentos;
- esbozar
procedimiento de puesta a punto de medidas preventivas;
-
fomentar la declaración de cualquier incidente de violencia , designar personas
y procedimiento confidencial que permita a los trabajadores/as declarar los
incidentes de violencia;
- dar
garantías de que no habrá represalias contra quién declare incidentes violentos
- que se
constituya un núcleo sindical potente, dentro de cada centro de trabajo, capaz
de hacer frente a situaciones individuales y colectivas de sufrimiento ante el
acoso (primer eslabón de asistencia a las víctimas) , como de proponer medidas
preventivas o de lucha. Importancia de la acumulación de fuerzas en el centro
de trabajo.
-
Desarrollar el Comité de seguridad y salud Laboral y exigir a toda la
organización la integración de la prevención en la gestión, incluyendo estudio
de prácticas decentes en el trabajo, la formación etc.…”
Como conclusión se puede
señalar la importancia de afrontar el problema de la violencia en los lugares e
trabajo desde un punto de vista amplio que compromete a los valores de la
empresa. Una visión global de este problema permitirá trazar las medidas
preventivas más eficaces a fin de erradicar cualquier brote violento por
insignificante que sea, y crear un clima laboral democrático y cooperativo.
Asunción Hernández García
BIBLIOGRAFIA:
(1) Varios autores
“La violencia en el trabajo”
Confederación de STEs-Intersindical
OIT
Repertorio de recomendaciones
prácticas sobre violencia en el lugar de trabajo en el sector de los servicios y
medidas para combatirla
2003
INSTITUTO NACIONAL DE SEGURIDAD
E HIGUIENE EN EL TRABAJO
NTP 489: Violencia en el lugar
de trabajo (varios autores)