El CLIMA
Y SUS CAMBIOS
El sistema climático se considera formado
por cinco grandes componentes: la atmósfera (capa gaseosa que envuelve a
la Tierra), la hidrosfera (el agua tanto dulce como salada en estado
líquido), la criosfera (el agua en estado sólido), la litosfera (el
suelo) y la biosfera (los seres vivos que pueblan la Tierra). En este
marco de referencia, el clima es una de las consecuencias de las
interacciones y retroacciones que se establecen entre los cinco
componentes del sistema climático y responde a un equilibrio en el
intercambio de energía, masa y cantidad de movimiento entre ellos.
El clima está gobernado por la radiación de
onda corta procedente del Sol. Esta energía es capturada en una parte por la
superficie terrestre y, en otra, reflejada hacia el exterior por los
componentes atmosféricos o la propia superficie. Para establecer un
equilibrio energético, la Tierra debe emitir tanta energía como la que
absorbe del Sol. Así, como la atmósfera es prácticamente transparente no
absorbe a la radiación solar; sin embargo, la radiación emitida por la
superficie terrestre, que es de onda larga, sí es absorbida y emitida a su
vez por los componentes atmosféricos.
Este fenómeno, llamado efecto invernadero
natural, provoca un calentamiento de la atmósfera en sus capas bajas; y los
gases que lo producen se denominan, comúnmente, "gases de efecto
invernadero". Gran parte de estos gases (vapor de agua, dióxido de carbono,
monóxido de nitrógeno, metano, ozono, óxido nitroso, etc.) son componentes
naturales de la atmósfera. Por tanto, el efecto invernadero es un fenómeno
natural y gracias a él es posible la vida en la Tierra.
El clima de la Tierra nunca ha sido estático.
Como consecuencia de alteraciones en el balance energético, el clima está
sometido a variaciones en todas las escalas temporales, desde decenios a
miles y millones de años. Entre las variaciones climáticas más destacables
que se han producido a lo largo de la historia de la Tierra, figura el ciclo
de unos 100.000 años, de períodos glaciares, seguido de períodos
interglaciares.
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Los cambios en el clima derivados de
la actividad humana son debidos a la intensificación del efecto
invernadero natural, al aumentar la concentración atmosférica de los
gases radiativamente activos y provocar lo que se conoce como un
forzamiento radiativo. Cerca del 60% de este forzamiento es debido
al CO2, en tanto que el CH4 contribuye en un 15%, el N2O en un 5%,
mientras que otros gases y partículas, como el ozono, los HFCs y
PFCs, y el SF6, contribuyen con el 20% restante. |
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En el pasado también ha habido
alteraciones en la concentración atmosférica de los gases de efecto
invernadero que han originado profundos cambios climáticos. Sin
embargo, la diferencia fundamental entre estos cambios naturales y
la evolución actual del sistema climático no está tanto en los
procesos y sus causas, como en la velocidad a la que se producen las
alteraciones, tanto en la concentración atmosférica de los gases de
efecto invernadero como en el clima. |
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